El pasado 26 de mayo la historia cobró vida gracias a la generosidad intelectual de Alfonso Dávila Oliveda.
Fue un privilegio contar con un historiador y archivero de su talla, quien nos demostró que los documentos no son mero papel, sino los guardianes de la verdad más humana tras los mitos literarios.
Nos recordó que custodiar la memoria es un ejercicio de responsabilidad compartida. Gracias, Alfonso, por tu rigor, por tu claridad y por esa pasión contagiosa que nos permitió, entre archivos y letras, sentir el latido de nuestra propia historia.
Este encuentro no habría sido posible sin el apoyo inestimable de quienes hacen de la cultura un baluarte en nuestra ciudad. Nuestro más profundo agradecimiento a la Facultad de Filosofía y Letras, por acogernos siempre con hospitalidad académica; al Instituto Cervantes, por su compromiso constante con la divulgación, y a nuestra querida Cristina Penalva, por su incansable labor en la coordinación y el alma que aporta a cada ciclo.
Y, por supuesto, gracias a vosotros, el público, por llenar la sala con vuestra curiosidad y vuestro pensamiento crítico. Es vuestra presencia la que convierte el rigor histórico en un acto colectivo de transformación.
Seguimos caminando, custodiando la memoria y construyendo genealogía. ¡Gracias por una tarde inolvidable!

