Viene esta segunda entrega de María José García Mesa, de la mano de Ediciones Vitruvio, de alguna manera a complementar el regalo que ya era “Cucharillas de café”. Y nos acercamos a ella, la escritora, a sabiendas que es profesora de humanidades y correctora de estilo. La gran Sacerdotisa de Eleusis, que por las tardes toma el té con una abeja, la gran tejedora, que borda, que escudriña las palabras, que las huele y nos las torna de colores. Es “una cabra al revés, o un pez al revés o una loca al derecho” que nos habla de zorros vestidos de sangre, de hormigas que te atrapan con sus besos, de gorriones, de la serpiente espía o de lobos solitarios que ella necesita se vuelvan ángeles, un amordolor, medio sufriendo, medio pensando, un “Gozo fiero” que renace en la palabra y nunca volverá a Ítaca.
La autora, quiere ser acto puro, una con la madre sostenedora, es a su madre a quien dedica esta obra. Quiere el corazón ancho de una cierva, unos ojos vivos, sin párpados desquiciándose de luz. Tiene un caballo blanco para acabar la carrera, su alma de puro blanco no se percibe… Vende verdades enormes y otras diminutas que se juntan en enjambres. Ella quiere ser una y trina, la dueña y señora de todas las manzanas, y en la madrugá anda bajo un palio de corales al son de las saetas, su alma de espuma es como el mar. A veces pierde las llaves y la palabra, empieza a ser cuando regresa. Le dicen que es la mensajera, pero es ella quien engendra la semilla de las rosas, el grano de almizcle que nace hombre, es acto puro, vivo fuego, la celeste reina colorada es dios. Tiene muertes redondas colgadas de las cadenas columpiándose descaradas y desafiantes y decenas de petite morts envueltas en papelitos dorados como caramelos de café con leche, porque todos los días no se muere de la misma forma, lo verde nace y se muere y reverdece y se muere otra vez. Desmigará la tierra con plegarias, ungirá tus cabellos con aceite del jordán, entonces brota de su boca un chorro de voz clara y limpia que se derrama en tus oídos y los embruja con palabras que son como palomas. Necesitamos un final redondo, una muerte viva, un “Gozo oscuro”.
En un cuarto oscuro, conoces el provecho de lo negro necesario y revele lo invisible. Y luego abres las ventanas y enciendes todas las lámparas, hasta que una luz untuosa se derrama sobre el mundo como mantequilla caliente. El asombro eterno de la zarza ardiendo en el desierto. Y me salen versos con rumor de enaguas recién almidonadas. Quién sabe a dónde irá a arder toda esa luz mañana, el misterio de la vida siempre está enterrado en otra parte. Andar de puntillas mientras vomito las manzanas redondas y coloradas que le robé a la serpiente. Y qué si dios existe o no. Solo me importa el pulso, la conciencia espuria de que todo es eterno y redondo, sin esquinas que te fuercen a torcer los pasos en otro sentido que no sea ser siempre. Por eso estoy aquí, de pie, en el centro de un círculo de fuego con un cuenco de palabras calientes, crepitantes, esperando a dios, a ver si me deja llegar más lejos. A la sombra en punto, a la luz menos cuarto, a la vida y media. Solo quiero ser alma desalumbrada, solo quiero deslizar mi verbo, “Gozo escrito.
Este poemariolibro nos acerca al Gozo, nos reconocemos, nos reafirmamos, nos alumbra nuevos caminos en el fondo y en la forma perfecta, en la fragancia de los colorespalabra, de los que tanto hace uso la autora. De cada uno de los Poemas se podría hacer un ensayo profundo del uso de la lírica como arte mayor, aunque sea para hacer una crítica realista y fiera, sin dejar de lado las fuentes de las que mama, María José García Mesa, ya sean orientales o no, siempre místicas. Hay que destacar el uso de múltiples idiomas, incluido el latín, como no podría ser de otro modo en esta Humanista, que nos ha llevado de su mano al “Gozo cumplido”.
Seguimos disfrutando de su lectura infinitamente, gracias
Cristina Penalva Pastor






