Discurso de entrega del Premio Francisca de Pedraza X aniversario, por Elena Marín Serrano
Rector magnífico de la Universidad de Alcalá, Ministra de Igualdad, Miembros corporación municipal Alcalá de Henares y Madrid, Diputadas y diputados nacionales, autoridades, miembros de la comunidad universitaria, Premiadas y Jurado del Premio Francisca de Pedraza, socias de la Asociación Francisca de Pedraza, colaboradores y colaboradoras, amigas y amigos…
Buenas tardes.
Es un placer dirigirme a todas y a todos ustedes esta tarde. Es un honor que nos encontremos en este paraninfo de la Universidad de Alcalá, un año más, entregando el Premio Francisca de Pedraza.
Este es el octavo año en que se entrega este Premio. Y, como saben, este es un Premio extraordinario; es un Premio especial. Lo es por varios motivos que, si me permiten, pasaré a exponerles.
Primero, es un Premio especial, y tiene un carácter extraordinario, porque conmemoramos un aniversario. Se han cumplido 400 años desde que Francisca de Pedraza obtuviera en esta casa una sentencia pionera; una sentencia que podría ser de hoy, pero que vio la luz en 1624. Una sentencia dictada por el rector Ayala, rector de esta Universidad, cuando todas las instancias anteriores habían fallado.
Se trata, como saben, de una sentencia en la que se reconoce la violencia sufrida por Francisca de Pedraza en su matrimonio, se impone una orden de alejamiento a su agresor y se le concede a ella el divorcio y la devolución de su dote. Tal y como decía hace un momento, es una sentencia que podría haber sido dictada en la actualidad. El rector Ayala se adelantó varios siglos y aplicó la ley con sensibilidad, con lucidez y con un enorme sentido de la justicia.
Todo esto en una época en la que la voz de las mujeres no solía ser escuchada, salvo contadas excepciones. Hemos mejorado, desde luego, pero nos queda mucho camino por recorrer. Y en ese camino, los aliados como fue el rector Ayala en 1624, y como es hoy el rector Saz, son imprescindibles. Esta fue la institución que hace 400 años protegió a Francisca de Pedraza y sigue siendo actualmente una institución clave para este Premio y para nuestra asociación.
En segundo lugar, este es un Premio especial porque nos ha permitido comprobar su arraigo. El Premio Francisca de Pedraza pertenece a la ciudad de Alcalá de la misma forma que la ciudad de Alcalá impregna el Premio Francisca de Pedraza.
Este Premio nunca podría tener lugar sin la ayuda de instituciones, empresas, trabajadoras autónomas, medios de comunicación, artistas y, en definitiva, todos los colaboradores y colaboradoras que participan en él, desde ámbitos muy diferentes, pero con un objetivo común y compartido.
Todas estas colaboraciones han hecho del Premio lo que es. Una parte fundamental del recorrido que hemos realizado os lo debemos a todas y a todos.
Usaré una frase de nuestra secretaria, Victoria Encabo: “Es el momento de devolver todo lo que hemos recibido”. No puedo más que suscribir cada palabra. Y justo este momento, en este escenario tan singular y tan significativo, es el adecuado para corresponder al apoyo, al cariño y al acompañamiento que nos habéis dado desde el principio.
También quisiera referirme al Jurado. En parte de ese “devolver”, por supuesto, hay un agradecimiento al Jurado del Premio. Un agradecimiento que en esta ocasión lleva también una dosis importante de confianza. Porque, como saben, para esta edición extraordinaria la asociación quiso dar al Jurado un papel preponderante y el Jurado ha respondido con creces: con implicación, con compromiso, con saber hacer. Ha sido un auténtico placer para mí conducir la deliberación de esta edición. Nos lo habéis puesto muy fácil en un año en el que teníamos una gran responsabilidad. Muchísimas gracias.
Cómo no: tengo que hablar de la Asociación Francisca de Pedraza. Que yo esté aquí, dirigiéndome a Uds., no es más que el fruto del trabajo de las socias y de la Junta Directiva que me acompaña.
Siempre digo, como buena futbolera, que soy jugadora de equipo. Pero como melómana, y teniendo una orquesta presente, iré hacia el símil musical. En una orquesta, como en un coro, la música o las voces han de empastar. Si un instrumento o una voz destaca sobre las demás cuando no corresponde, entonces se pierde el efecto que se debe causar. La melodía sonará, pero no con la fuerza ni la unión con la que debe hacerlo.
Y tengo claro que nuestra fortaleza como asociación es la suma de todas sus miembros. Somos un gran coro; si me apuráis, ¡un orfeón!, que es todavía más grande. Cómo nos complementamos, cómo colaboramos, cómo nos ayudamos e, incluso, cómo nos socorremos, dice todo de cómo somos y de lo que somos. ¡Qué importante es la suma de todas las voces, de todas las aportaciones y de todas las ideas!
Por eso hemos llegado hasta aquí y por eso vamos a seguir aquí mucho tiempo más. Y lo haremos creciendo juntas, enriqueciéndonos y aportando cada una desde su perspectiva. No les quepa -no os quepa, queridas compañeras- ninguna duda.
Y todo esto nos lleva hasta hoy.
Todo esto nos lleva a este Premio Extraordinario. Que es también especial, y mucho, por la elección de la candidatura ganadora. Queríamos que así fuera. Queríamos, y así lo dijimos desde que comenzamos a preparar esta edición, que este año el Premio fuera incontestable. Puedo decir con rotundidad que lo hemos conseguido.
Créanme si les digo que nos produce una enorme emoción hacer entrega de este galardón al Servicio 016.
Hay muchos motivos para que este Premio sea tan merecido, pero creo que podemos resumirlo en tres grandes líneas.
La primera. Lo que significa la implicación de las administraciones públicas en la lucha contra la violencia machista. La implicación real, la implicación convencida. La que supone destinar recursos y hacerlo con un criterio claro y coherente. La que significa pasar de las palabras a los hechos; de los discursos a la intervención de la realidad. Saber dónde poner el foco y cómo hacerlo.
Porque las administraciones públicas tienen la obligación de protegernos. Tienen la obligación de proteger a las mujeres, a las ciudadanas, de todo tipo de violencia. Tienen la obligación de garantizarnos que vivamos sin miedo.
Una sociedad en la que el miedo forma parte de la vida de la mitad de sus miembros, no es una sociedad libre. Las mujeres vivimos con miedo como una parte más de la cotidianidad de nuestra existencia y eso debe acabar. Después de sufrir una agresión, al miedo se suman muchas veces el señalamiento y la vergüenza. Como bien ha dicho Gisele Pelicot durante el desarrollo de su juicio en Francia: la vergüenza tiene que cambiar de bando. El miedo, también.
Los responsables del ejercicio de la violencia contra las mujeres deben saber que se enfrentarán a consecuencias legales y sociales. Y las mujeres deben estar seguras de que van a recibir la ayuda, la protección y el apoyo que necesiten en procesos que son muy largos y muy duros.
Miren: además, estamos viviendo una época de cuestionamiento del feminismo. No lo podemos permitir. Sin el feminismo, ninguna de las mujeres presentes en este paraninfo estaríamos aquí. Quienes cuestionan al feminismo, y quienes amparan a los que lo hacen, incluso quienes boicotean actos como este, deben saber que nos van a encontrar enfrente. No nos vamos a esconder, ni vamos a volver a “las tareas propias de nuestro sexo”. Ese tiempo pasó y no va a volver.
Vamos a defender el feminismo desde su raíz porque el feminismo nos ha enseñado que podemos ser libres e iguales. Las mujeres no hemos ganado ningún privilegio; nos hemos empezado a colocar, simplemente, en el lugar que nos corresponde. Ni más, ni menos.
Por eso es tan importante el compromiso de las administraciones públicas. Porque ellas deben acompañarnos en todo este proceso, y más allá de protegernos, también afianzarnos.
En segundo lugar, este Premio reconoce a las trabajadoras del 016. Profesionales anónimas que guían, orientan, ayudan, acompañan, aconsejan, derivan… Mujeres que hacen un trabajo impagable y que merecen ser reconocidas hoy aquí. Reconocidas y admiradas porque este no es un trabajo cualquiera, es un trabajo que salva vidas. Ellas lo hacen todos los días del año, las 24 horas del día.
Y en último lugar, este Premio sirve para el recuerdo. Sirve para traer a la memoria a todas las mujeres que han llamado al 016; también a sus familias, allegados, amigas, conocidos… A todas las personas que han usado alguna vez este servicio.
Todas las llamadas recibidas, aproximadamente 1 millón trescientas mil desde que se puso en funcionamiento, han demostrado algo: la utilidad del servicio 016. Y eso, consecuentemente, ha llevado a que se haya convertido en un servicio reconocido, valorado y respetado por la ciudadanía; y ahora también reconocido, valorado y muy respetado por el Jurado de este Premio Extraordinario.
Añado que el Servicio 016 tiene un paraguas legal que permite su existencia y su funcionamiento: la Ley Integral 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Se cumplen también ahora 20 años desde su entrada en vigor. Así que hoy conmemoramos un doble aniversario: el de la sentencia de Francisca de Pedraza y el de la puesta en marcha de una Ley que ha sido trascendental para tantas y tantas mujeres en España y que, además, ha sido un referente para otros países de nuestro entorno.
Esta Ley sacó la violencia machista de la esfera privada y puso el foco en que se trata de una violencia estructural que atañe al conjunto de la sociedad. Tanto es así que, desde que se contabilizan los casos, son ya casi 1.300 las mujeres asesinadas por violencia de género. ¿Cómo no va a ser esta una cuestión de calado público? ¿Quién puede atreverse a negar la existencia de estos hechos, de estos datos? El negacionismo de la violencia machista no tiene nada que ver con la ignorancia ni con el desconocimiento de la problemática. Es profundo machismo, pero sobre todo es pura maldad.
Permítanme una reflexión más. Hace apenas un mes, nuestro país ha vivido una de las mayores tragedias de los últimos años, una de las mayores de nuestra historia. No solo quisiera tener un recuerdo para todos los municipios afectados, para todas las personas que han perdido la vida, y para quienes han perdido a sus seres queridos, sus casas, sus recuerdos… Quisiera también recordar a las mujeres que están viviendo esta terrible situación a la vez que conviven diariamente con sus maltratadores en un contexto todavía más duro y más difícil del que ya de por sí supone la violencia. Por favor, no las olvidemos.
Queridas compañeras y trabajadoras del 016; querida ministra: gracias por la labor tan importante que estáis haciendo desde el Servicio 016. Tenéis todo nuestro calor, todo nuestro apoyo y hoy os lleváis todo nuestro cariño y admiración en forma de este maravilloso busto de Francisca de Pedraza. Queremos, por favor, que todo el reconocimiento que se está expresando hoy aquí llegue a todas y cada una de las trabajadoras y que sientan, de corazón, que este Premio les pertenece a todas
Termino. Gracias a todas y todos Uds. por su atención en estos minutos; de nuevo a la Universidad por poder volver a disponer de este marco para la entrega del Premio Francisca de Pedraza; autoridades, colaboradoras y colaboradores, amigas y amigos…
Y a mis compañeras de la Asociación Francisca de Pedraza por su paciencia con esta presidenta novata. Como os dije el día que celebramos la asamblea en la que fue elegida la actual Junta Directiva, hace ya casi medio año: mis aciertos, si los hay, serán de todas; los fallos, cuando los haya, serán exclusivamente míos. Pero hoy, amigas, no hemos fallado.
Muchísimas gracias.

