La memoria tiene el peso de lo que no puede olvidarse, y nadie como Carlos Morales del Coso sabe convertir ese peso en luz a través de la palabra. Recordar el encuentro con el que inauguramos «Los Martes de Francisca» es volver a una tarde de una intensidad ética irrepetible: la poesía del Holocausto desde su mirada profunda, capaz de nombrar lo innombrable con una sensibilidad que nos estremeció a todos.
Carlos no es solo un inmenso poeta; es un guardián de la memoria que nos enseñó que la poesía no es un refugio, sino un territorio de resistencia donde el pensamiento crítico se vuelve un deber. Al abordar el horror a través del verso, nos recordó que la única forma de no repetir el pasado es custodiándolo con rigor y, sobre todo, con una humanidad inquebrantable. Gracias, Carlos, por abrir nuestro ciclo con esa honestidad brutal y necesaria que define tu magisterio.
Un encuentro que marcó el tono de nuestra andadura, posible gracias a quienes hacen de la cultura un espacio de compromiso. Nuestro agradecimiento profundo a la Facultad de Filosofía y Letras, por acogernos; al Instituto Cervantes, por su vocación de encuentro, y a nuestra querida Cristina Penalva, por su inagotable capacidad para tejer estas complicidades que dan sentido a nuestro trabajo.
Y gracias a un público que, desde aquel primer martes, ha demostrado que Alcalá es un lugar donde la palabra importa, donde se escucha con el corazón y se piensa con rigor.
Seguimos caminando, custodiando la memoria y construyendo pensamiento.

