La poesía, en manos de Nuria Ruiz de Viñaspre, deja de ser un mero reflejo para convertirse en un bisturí que disecciona la realidad. Ayer, tuvimos el privilegio de habitar la palabra de una de las voces más lúcidas y necesarias de la poesía contemporánea.
Nuria no solo recita; Nuria habita el lenguaje con una precisión que desarma y una elegancia que invita, inevitablemente, al pensamiento crítico. Escucharla es entender que la poesía es, ante todo, un ejercicio de resistencia frente a lo superficial. Su obra nos recuerda que, cuando la palabra es honesta y está bien forjada, se convierte en un territorio donde el lector puede, al fin, encontrarse a sí mismo lejos de cualquier adoctrinamiento. Gracias, Nuria, por tu magisterio, por esa capacidad de elevar la experiencia cotidiana a la categoría de lo universal y por contribuir, con tu inmensa sensibilidad, a nuestra genealogía compartida.
Este encuentro ha sido un éxito rotundo del pensamiento y la literatura, un triunfo de la palabra que no sería posible sin el apoyo de quienes cuidan nuestra casa común de la cultura. Nuestro agradecimiento profundo a la Facultad de Filosofía y Letras, por su complicidad siempre académica; al Instituto Cervantes, por ser el puente donde estas voces cobran eco, y a Cristina Penalva, cuya gestión cultural es el motor imprescindible de cada uno de nuestros ciclos.
Y gracias a las personas, cuya escucha activa y atenta demuestra que, incluso en tiempos de ruido, la poesía sigue siendo nuestra brújula más certera.
Seguimos caminando, custodiando la palabra y construyendo, entre todas, nuestro propio legado.

